miércoles, 14 de enero de 2015

Cartagena y la Real Fábrica de Artillería de La Cavada

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No sabemos cuándo se emplazaron las primeras piezas de artillería en Cartagena. Es probable que fuera a finales del siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos, y que se instalaran en el castillo que había allí.

En el siglo XVI, durante los reinados de Carlos I y su hijo Felipe II, se potenció mucho el papel militar y defensivo de Cartagena. Se constituyó  como base de las galeras reales que combatían la piratería berberisca y turca. Se reforzaron las murallas y se construyeron nuevas fortificaciones costeras, como el Fuerte de Navidad.

El aumento de la importancia militar de Cartagena se prolongó durante el siglo XVII, a pesar de varias epidemias que asolaron la ciudad. Se convirtió en la principal base militar de la política mediterránea de los reyes de España, sobre todo por su relación con las posesiones en Italia.

En el siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión (1701-1714) y pese a haber apoyado a la Casa de Austria, Cartagena experimentó con Felipe V de Borbón un nuevo auge y crecimiento. En 1726 se convirtió en la capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo. En los años siguientes se construyó el Arsenal y diversos castillos que todavía hoy rodean la población.

Las fortificaciones que protegían la ciudad y los buques que se construían y reparaban en el Arsenal, requerían grandes cantidades de cañones. Pero ¿Dónde se fabricaban estas piezas de artillería y las municiones necesarias?

En el Museo Histórico Militar de Cartagena se narra la evolución de la artillería y de las fortificaciones de Cartagena a lo largo de los últimos cinco siglos.
Entre 1622 y 1835, todos los cañones de hierro fabricados en España para la defensa del imperio, y por tanto también de Cartagena, provenían de la actual región de Cantabria, de la Real Fábrica de Artillería de la Cavada. Veamos una sucinta historia.

El desarrollo de la artillería durante el siglo XV, la creación de nuevos imperios en el siglo XVI y la necesidad del dominio de los mares para defenderlos, dieron lugar a una carrera armamentística entre las potencias europeas.

En las ferrerías no se podían producir cañones de hierro, ya que en ellas era imposible alcanzar la temperatura de fusión del hierro. Sólo se fabricaban bombardas, a base de pequeñas piezas, las duelas, que luego se unían mediante cuerdas. La producción de cañones de bronce, mucho más ligeros y resistentes, era muy cara. La creciente demanda de piezas de artillería, sobre todo para los barcos, forzó una revolución tecnológica basada en la fabricación de cañones de hierro colado en altos hornos.

Los dos primeros altos hornos de España los construyó en 1618 el industrial de Lieja, Jean Curtius (Juan Curcio) en Liérganes, localidad próxima a La Cavada. Cerca había abundantes bosques para hacer carbón vegetal, minas de mineral de hierro, el río Miera con caudal abundante y regular, ideal para el transporte de troncos y como fuente de energía, canteras de piedra refractaria, arenas y arcillas para los moldes, astilleros donde se construían buques que había que equipar con cañones y una gran bahía con un puerto por el que dar salida al resto de la producción.

Se trajeron de Flandes a numerosos fundidores con sus familias que se instalaron en la comarca. En la comunidad de Cantabria, son muy frecuentes hoy en día los apellidos de origen flamenco.
Proceso de fundición de los cañones de hierro mediante altos hornos.
A: Capas de carbón y mineral de hierro.

B: Mecanismo hidráulico para mover los fuelles e inyectar aire en el horno.
C: Molde del cañón.
D: Salida de la escoria (de menor densidad que el hierro).
Fuente: Wikipedia
Una Real Cédula confirmó en 1622 una serie de privilegios, con lo que la empresa de Curcio empezó por fin a funcionar. Era una empresa privada en régimen de concesión por el estado.

Las inversiones acumuladas y el retraso de los pedidos llevaron a Curcio casi a la ruina. Pero su hábil sucesor en la dirección de las instalaciones, el luxemburgués Jorge de Bande, consiguió sobre todo a partir de 1635 una elevada producción y rentabilidad.

Se introdujeron mejoras tecnológicas que convirtieron a los cañones de Liérganes y La Cavada en los mejores del mundo. Se redujo su peso un 30% respecto a los fabricados en otros países. Además, estos cañones no reventaban durante su uso porque antes aparecían grietas que avisaban del riesgo.

Las instalaciones fabriles sufrieron altibajos dependiendo de la suerte de España en las numerosas guerras que mantuvo con otras naciones europeas y de la situación económica del país.

Tras la Guerra de Sucesión  (1701-1714), al igual que le ocurrió a Cartagena, estas fábricas pasaron por otro largo periodo de gran expansión.

Los descendientes de Jorge de Bande continuaron dirigiendo las instalaciones de Liérganes y La Cavada, hasta que en 1759 Carlos III revocó los privilegios concedidos. La fundición fue intervenida y expropiada y se convirtió en Real Fábrica en 1763. La Corona compensó a los propietarios con una importante cantidad de dinero.

Cañón expuesto el Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada. 
Este pequeño pero cuidado museo mantiene vivo el recuerdo de la que fue la más importante fábrica de cañones de España.
La empresa nacionalizada tuvo problemas en la gestión y las directrices y los experimentos técnicos del Cuerpo de Artillería del Ejército en las instalaciones de La Cavada no tuvieron éxito. Por eso, en 1781 se encomendó al Ministerio de Marina la dirección de la fábrica. Se volvió a los antiguos métodos de fundición anteriores a la expropiación y se consiguieron buenos resultados. Se realizaron también numerosos ensayos para mejorar la tecnología disponible, en particular usando carbón de coque, pero no llegaron a alcanzar el éxito deseado. La fábrica de Liérganes se cerró en 1795, tras 160 años de actividad.

El declive de la Real Fábrica de Artillería coincidió con el de la marina española tras la batalla de Trafalgar (1805). La Guerra de Independencia (1808-1814) agravó este declive. Una vez finalizada, se intentó volver a fundir cañones pero por diferentes razones, sobre todo logísticas, con poco éxito.

Un fracasado intento de privatización, la guerra carlista y una gran inundación provocaron que en 1835 se cerrara definitivamente la fábrica de La Cavada. Se ponía punto y final a más de dos siglos de actividad industrial que en muchos momentos fue tecnológicamente puntera.

En Filipinas, en toda América, en España (y por supuesto en Cartagena), muchos de los cañones de las fortificaciones que aún hoy dan testimonio de la historia del imperio español, fueron fundidos en Liérganes y la Cavada. En el fondo del mar, en los pecios de numerosos barcos, yacen muchos de los más de 26.000 cañones que, junto a municiones y otros elementos militares y civiles, se fundieron en Cantabria.

Bibliografía y enlaces
La Real Fábrica de Artillería de La Cavada. José Manuel Maza Uslé. Ediciones Estudio. Santander 2007
Orígenes y fundación de las fábricas de Liérganes y La Cavada. José Manuel Maza Uslé. Revista ASCAGEN Nº1 Primavera 2009
Real Fábrica de Artillería de La Cavada (Wikipedia)
Real Fábrica de Artillería de La Cavada (Documental TV)
Real Fábrica de Artillería de La Cavada (Web del Museo)
El Arsenal de Cartagena (Español)
The Arsenal of Cartagena (Inglés)
Museo Histórico Militar de Cartagena / Cartagena's Military Historical Museum
Museo Histórico Militar de Cartagena (2) / Cartagena’s Military Historical Museum (2)
El Museo Naval de Cartagena / Naval Museum at Cartagena
El Museo Naval de Cartagena (2) / Naval Museum at Cartagena (2)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece interesantísimo que se relacione por fin la Real Fábrica de cañones de La Cavada, Cantabria, con Cartagena.Se podría escribir una novela histórica con las biografías de los flamencos que se asentaron en Liérganes y La Cavada, el devenir de las fábricas y ¡como no! el transporte de las piezas desde esos rincones de Cantabria hasta el Mediterráneo...ELISA G PEDRAJA

Mari Carmen dijo...

Muy interesante esta entrada, te felicito y gracias por el aporte.
Un saludo.