En esta entrada presentamos un nuevo "microvídeo" (5'36"). Esta vez hablamos del papel decisivo de los hispanos en la Independencia de los Estados Unidos. Es un importante capítulo, a menudo ignorado, de la historia estadounidense. Desde Luisiana y la costa del Golfo hasta la América y Europa española, líderes, soldados y recursos hispanos desempeñaron un papel decisivo en el debilitamiento del poder británico y en el apoyo a la lucha por la independencia de las Trece Colonias. Este video invita al espectador a redescubrir las profundas raíces hispanas presentes en la fundación de los Estados Unidos y a replantear la dimensión global del nacimiento de la nación. Mira, aprende y comparte esta historia poco conocida.
La independencia de los Estados Unidos no puede entenderse sin el contexto internacional que la hizo posible. Tras la Guerra de los Siete Años (1756 a 1763), Inglaterra emergió victoriosa frente a España y Francia, pero muy endeudada. Para sanear sus finanzas impuso nuevos impuestos y restricciones comerciales a sus colonias norteamericanas, a la vez que les negaba representación en el Parlamento de Londres. La Proclamación Real de 1763, que prohibía la expansión al oeste de los montes Apalaches, agravó el descontento y condujo al estallido del conflicto en 1775.
Para las monarquías de España y Francia, la rebelión de las Trece Colonias inglesas representó una oportunidad estratégica para debilitar a Inglaterra y recuperar el equilibrio de poder perdido. Desde el principio, el rey español Carlos III decidió ayudar a la causa, aunque provisionalmente optó por hacerlo en secreto hasta estar debidamente preparado para la guerra contra Gran Bretaña y sin reconocer oficialmente la independencia ni a los representantes del Congreso Continental.
La ayuda española fue decisiva desde los primeros momentos. Juan de Miralles fue nombrado representante no oficial de España en el Congreso de Filadelfia. El comerciante y naviero Diego de Gardoqui envió desde la península Ibérica a los puertos de la costa este en manos de los insurrectos grandes cantidades de armas, municiones, pólvora y apoyo logístico de todo tipo. En Nueva Orleans, el gobernador de Luisiana, Luis de Unzaga, permitió el envío clandestino de suministros a través del río Misisipi. Su sucesor, Bernardo de Gálvez, amplió este apoyo, canalizando armas, municiones y pertrechos procedentes de Cuba y del virreinato de Nueva España. En 1776, un solo cargamento financiado en secreto por España y Francia incluyó decenas de miles de fusiles, cañones y uniformes, sin los cuales la revolución americana no habría sobrevivido.
España entró en guerra contra Inglaterra en 1779. A partir de ese momento, Gálvez dirigió una serie de campañas militares decisivas en la costa del Golfo de México. Estas operaciones fueron llevadas a cabo por fuerzas formadas por soldados de todos los rincones, etnias y razas de la monarquía Hispánica.
Desde Nueva Orleans, Gálvez expulsó a los británicos de la ribera oriental del Misisipi al tomar Baton Rouge y Natchez, eliminando una amenaza clave para los rebeldes. En 1780 conquistó La Mobila, actual Mobile, y en 1781 culminó su campaña con la toma de Panzacola, actual Pensacola, tras una audaz operación naval en la que él mismo entró en la bahía bajo fuego enemigo. Una gran expedición de refuerzo mandada por José Solano y Bote apoyó la última fase de la operación.
Estas victorias tuvieron un efecto estratégico fundamental: España cerró el acceso británico al Golfo de México, impidiéndoles el envío de refuerzos.
En 1780, el control español del río Misisipi fue asegurado por la defensa de San Luis de los Ilinueses, actual St. Louis, lo que garantizó el flujo constante de suministros hacia los patriotas americanos y bloqueó cualquier avance británico desde el norte.
España y Francia obligaron a Inglaterra a combatir en otros frentes, no sólo en Norteamérica. Esto le dificultó dedicar recursos a la guerra contra las Trece Colonias, ya que también tuvo que luchar en las costas de Centroamérica, en el océano Atlántico y el Caribe, Gibraltar, Menorca y el canal de la Mancha. La propia Inglaterra estuvo a punto de ser invadida en 1779, operación que se canceló al producirse una epidemia en la armada francesa. En 1780, la captura por el almirante Luis de Córdoba de un convoy de 55 barcos fue devastadora para los británicos.
La contribución hispana no fue solo militar. Hispanos de toda América aportaron dinero cumpliendo una Real Cédula contributiva de 1780. El enviado real Francisco de Saavedra obtuvo fondos en La Habana y canalizó grandes cantidades de reales de a ocho para financiar operaciones conjuntas con Francia. La decisiva batalla de Yorktown, en 1781, fue financiada con dinero español procedente en su mayor parte del virreinato de Nueva España y de los comerciantes y habitantes de La Habana.
La guerra concluyó con el Tratado de París de 1783. España recuperó la Florida, pero su mayor legado fue haber hecho posible el nacimiento de una nueva nación. Incluso la primera moneda oficial de los Estados Unidos fue el real de a ocho español, o peso hispano, del que proviene el símbolo “$”.
Sin el apoyo militar, financiero y humano del mundo hispano, la independencia de los Estados Unidos no habría sido posible. Es una contribución esencial que, durante demasiado tiempo, ha permanecido fuera del relato histórico dominante y que los hispanos no deberíamos olvidar y sí reivindicar.
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