jueves, 24 de enero de 2013

Crisis y revolución. La insurrección cantonal de Cartagena

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Los hechos que condujeron a la revolución de 1868 se contaron en  Crisis y revolución. La Gloriosa. Lo que ocurrió a continuación se resumió en Crisis y revolución. El Sexenio Democrático (1868-1874).

En este artículo nos centraremos en la insurrección cantonal, acontecida a partir de junio de 1873, y en particular en los sucesos de Cartagena.

En mayo de 1873, se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes. Boicoteadas por casi todos los partidos, incluidos los republicanos unitarios, la participación en las urnas fue la menor que se recuerda en España. Apenas un 25% de los electores votaron en Barcelona y un 28% en Madrid. Aunque deslegitimados por el reducido número de votantes, los republicanos federalistas lograron una abrumadora mayoría de escaños.

La primera de las muchas tareas que tenían por delante las nuevas Cortes era redactar y aprobar una nueva constitución. El presidente Estanislao Figueras, harto de las dificultades y el caos, dimitió. El federalista Francisco Pi i Margal fue elegido en su lugar.

Los republicanos federalistas achacaban al centralismo el origen de todos los males del país y pretendían que las regiones españolas se constituyeran en estados soberanos. Los federalistas tenían más presencia en la periferia de España, sobre todo en el sur y el sudeste.

Organización territorial propuesta en el proyecto de Constitución de 1873, que no llegó a ser promulgada. Fuente: Wikipedia.
La complicada situación política y social se veía agravada además por una nueva crisis económica y porque la Gloriosa no había conseguido suprimir las odiadas quintas. En ellas se reclutaba a los hijos de las familias más humildes para enviarlos a la guerra carlista y a la de Cuba. Para los hijos de los acaudalados existía la redención por dinero.

Los más impacientes seguidores de Pi i Margall le exigieron la creación inmediata de una república federal. En numerosos lugares de España se produjeron movimientos insurgentes que desbordaron al presidente, que se negó a combatirlos con las armas. Un mes y una semana después de haber sido elegido, se vio forzado a dimitir y fue sustituido por Nicolás Salmerón, un federalista moderado.

En Cartagena, el movimiento federalista liderado por Roque Barcia y el general Contreras, a los que luego se incorporó el popular Antonete Gálvez, consiguió hacerse con el control de la ciudad y, lo que fue decisivo, con el control de la flota atracada en aquel puerto que se unió a la sublevación. El 12 de julio de 1873 se proclamaron cantón independiente, autodenominándose cantón murciano. Los que se oponían a la insurrección pudieron abandonar Cartagena libremente.

En bastantes casos, los cantones independientes comenzaron a enfrentarse entre sí. Algunos pueblos se declararon independientes de su capital de provincia y hubo cantones que intentaron resolver con las armas problemas de fronteras con otros cantones.

En esta situación, el gobierno envió a los nada partidarios de la república federal generales Martínez Campos (monárquico) y Pavía (republicano unitario) a recuperar el control de los cantones, que fueron cayendo uno tras otro con rapidez.

Tras sólo mes y medio en la presidencia, Nicolás Salmerón dimitió al negarse a autorizar unas ejecuciones. Le sustituyó el republicano unitario Emilio Castelar.

En menos de dos meses, la insurrección fue sofocada en la mayoría de los sitios. Pero en Cartagena, rodeada de fortificaciones, con el grueso de la flota española en poder de los revolucionarios y dirigidos por líderes carismáticos, no ocurrió así.

La fragata Numancia. Cuadro de Rafael Monleón Torres. La Numancia fue el primer buque acorazado en circunnavegar la tierra en 1867. Tomó parte en el bombardeo del puerto de El Callao, en Perú, durante la Guerra del Pacífico (1864-1866). Antonete Gálvez y muchos otros revolucionarios huyeron de Cartagena en este buque.
Los insurrectos comenzaron a lanzar expediciones por tierra y por mar a localidades y provincias próximas. Pretendían extender el movimiento cantonal y recaudar contribuciones con las que financiarlo. Ante esta amenaza, la ciudad de Murcia y otras localidades favorables a los cantonalistas se apresuraron a volver a la obediencia a Madrid.

La flota de Cartagena atacó Almería y Alicante, que bombardearon. El gobierno de Madrid había declarado piratas a los barcos de los insurrectos y buques alemanes e ingleses capturaron varios.

Una columna se dirigió por tierra desde Cartagena hacia Madrid pero fue derrotada en Chinchilla y obligada a regresar. En agosto, el ejército de la república sitió la ciudad.

Los cartageneros, aprovechando la riqueza de las minas de la zona, acuñaron su propia moneda. También hicieron llegar a los Estados Unidos de América un ofrecimiento para integrarse como nuevo estado de la Unión, a la vez que solicitaban pertrechos de guerra para resistir al gobierno de Madrid.

Cartagena soportó bombardeos que la arrasaron por completo. En uno de ellos se produjo la desgracia de la voladura del parque de artillería, donde se refugiaban mujeres y niños. Murieron centenares. Una parte del parque que se salvó de la destrucción la ocupa hoy en día el actual Museo Militar (ver Museo Histórico Militar de Cartagena).

El 13 de enero de  1874, las tropas mandadas por el general José López Domínguez entraron en la ciudad. Unos mil insurrectos, entre ellos Antonete Gálvez, huyeron en la fragata Numancia hacia Orán. No transcurriría mucho tiempo hasta que una amnistía les permitiera regresar.

Pero para esa fecha ya no existía la república democrática. El 3 de enero anterior, al ver que las Cortes deponían al enérgico Castelar, el general Pavía las disolvió. El nuevo gobierno que se constituyó lo presidía el general Serrano.

La aventura cantonal había costado grandes derramamientos de sangre, destrucciones y pérdidas económicas. Cuando acabó, no se había conseguido nada y el Sexenio Democrático entraba en su recta final. El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos se sublevó en Sagunto y la monarquía de los Borbón se restauró en la persona de Alfonso XII.

El general José López Domínguez fue recompensado con la Gran Cruz Laureada de San Fernando por su papel como comandante en jefe de las fuerzas que lograron la rendición de Cartagena. Foto cortesía de Joaquín Serrano, pariente del general López Domínguez y del general Serrano.
Bibliografía
El Cantón de Cartagena. María-Alice Medioni. Estudios de Historia Contemporánea Siglo XXI. 1979
Liberalismo y Absolutismo. Nueva Historia de España. Volumen 15. Varios autores. Editorial EDAF. 1982
España: siglo XIX (1834-1898). Grupo Cronos. Editorial Anaya.1991
Atlas Histórico Mundial. Hermann Kinder & Werner Hilgemann. Ediciones Istmo. 1990
Atlas de Historia de España. Fernando García de Cortázar. Editorial Planeta. 4ª edición. 2006
Microsoft Encarta 2006

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