sábado, 28 de febrero de 2026

La gota fría del año 1094 / The "gota fría" (cold drop) of 1094

La gota fría o DANA no es un fenómeno meteorológico nuevo. Así lo cuenta el historiador Alfredo Vílchez en su blog Raudal, en una entrada que adaptamos aquí. Los hechos ocurrieron nada menos que en enero de 1094.

Rodrigo Díaz, el Cid Campeador, estaba cercando Valencia, y le llegaron noticias de que las quejas de los musulmanes valencianos habían llegado al emir de los almorávides, Yusuf ibn Taxufin, y que este había mandado un gran ejército al mando de su mejor general, Abu Beker.

Rodrigo tenía bien en cuenta que eran el emir y el ejército que hacía ocho años (1086) habían derrotado al rey Alfonso VI de León en Sagrajas. Además, le llegaban noticias de que los valencianos estaban planeando atacarle por la espalda cuando se iniciara la lucha con los almorávides.

Los exploradores avisaron de que el ejército almorávide había sobrepasado la sierra de Benicadiell y la fortaleza de Peña Cadiella, donde él había establecido una guarnición, y se encontraba ya en Játiva, a unos sesenta kilómetros de Valencia.

El Cid dudó entre abandonar sus cuarteles en los arrabales de Villanueva y Rayosa y retirarse a posiciones más seguras, o hacer frente al enemigo. Lo primero significaba perder cuanto había ganado en los alrededores de la ciudad de Valencia, por lo que, al fin, decidió presentar batalla.

Para estorbar en lo posible al numeroso ejército almorávide, mandó inundar la vega, desviando el agua de las acequias, y romper todos los puentes sobre el río Guadalaviar, salvo un paso estrecho, en el que habría más posibilidades de defensa.

Mientras llevaban a cabo estos preparativos, le avisaron de nuevo que los almorávides habían pasado ya por Alcira, a unos cuarenta kilómetros de Valencia.

Al caer la noche, desde las murallas de Valencia sus habitantes podían ver las innumerables hogueras del ejército musulmán, detenido en un lugar llamado Razer (Almusafes), a unos veinte kilómetros.

Rodrigo tenía ya preparada su mesnada en los dos puntos posibles de avance enemigo, y aguardaba.

Pero esa noche, aún más oscurecida por una tormenta, comenzaron a caer “turbiones torrenciales, y el aguacero se hizo tan imponente que nunca los hombres vieron diluvio como aquel”, dice el historiador Menéndez Pidal. Todo el territorio entre el Guadalaviar y Almusafes estaba inundado, y Abu Beker decidió que, en esas condiciones, era imposible avanzar, por lo que levantó el ejército y se retiró. Al amanecer, no había ni rastro del inmenso ejército almorávide.

La “baraka” (suerte) que los musulmanes decían que acompañaba al Cid, había estado con él de nuevo.

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The cold drop or DANA is not a new meteorological phenomenon. This is what historian Alfredo Vílchez recounts in his blog Raudal, in a post that we have adapted here. The events took place in January 1094, no less.

Rodrigo Díaz, El Cid Campeador, was besieging Valencia when he received news that the complaints of the Valencian Muslims had reached the Almoravid emir, Yusuf ibn Taxufin, who had sent a large army under the command of his best general, Abu Beker.

Rodrigo was well aware that it was the emir and the army that had defeated King Alfonso VI of León at Sagrajas eight years earlier (1086). In addition, he received news that the Valencians were planning to attack him from behind when the fighting with the Almoravids began.

Scouts reported that the Almoravid army had crossed the Benicadiell mountain range and the fortress of Peña Cadiella, where he had established a garrison, and was now in Játiva, some sixty kilometers from Valencia.

El Cid hesitated between abandoning his quarters on the outskirts of Villanueva and Rayosa and retreating to safer positions, or facing the enemy. The former meant losing everything he had gained in the vicinity of the city of Valencia, so he finally decided to give battle.

To hinder the numerous Almoravid army as much as possible, he ordered the floodplain to be flooded by diverting water from the irrigation channels and breaking all the bridges over the Guadalaviar River, except for a narrow passage where there would be more possibilities for defense.

While these preparations were being made, he was warned again that the Almoravids had already passed through Alcira, some forty kilometers from Valencia.

As night fell, the inhabitants of Valencia could see the countless bonfires of the Muslim army from the city walls, camped at a place called Razer (Almusafes), some twenty kilometers away.

Rodrigo had already prepared his army at the two possible points of enemy advance and waited.

But that night, made even darker by a storm, “torrential downpours began to fall, and the downpour became so intense that the men had never seen a deluge like it,” says historian Menéndez Pidal. The entire territory between the Guadalaviar and Almusafes was flooded, and Abu Beker decided that, under these conditions, it was impossible to advance, so he raised his army and withdrew. At dawn, there was no trace of the immense Almoravid army.

The “baraka” (luck) that the Muslims said accompanied El Cid had been with him again.

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