sábado, 5 de agosto de 2023

Exploraciones y descubrimientos españoles en el interior de USA

English version

Buena parte del sur de los Estados Unidos ya había sido explorada por los hispanos a mediados del siglo XVI. Sin embargo, la colonización no empezó hasta finales de ese siglo. Durante los más de doscientos años siguientes, continuaron la exploración, la colonización y también la defensa de territorios que iban desde Florida a Alta California. Un resumen de lo que ocurrió lo contamos en las siguientes líneas.

De la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida hubo solo cinco supervivientes. Cuatro de ellos fueron Álvar Núñez Cabeza de Vaca, los capitanes Alonso del Castillo Maldonado y Andrés Dorantes de Carranza y el esclavo de este último Estebanico. Entre 1528 y 1536, con Cabeza de Vaca al frente, recorrieron a pie el sur de Texas y el suroeste de los Estados Unidos, por territorios desconocidos a los españoles. Tras su larguísimo periplo, encontraron al conquistador Nuño Beltrán de Guzmán en Nueva Galicia (oeste de México) gracias al cual lograron llegar a la capital del recién creado virreinato de Nueva España. Álvar Núñez Cabeza de Vaca es una figura excepcional, un capitán español que sobrevivió como esclavo, sirviente, curandero y también como amigo de los nativos. En 1542 publicó el relato de su epopeya en el libro Naufragios y Comentarios.

La expedición de Hernando de Soto recorrió el sudeste de Norteamérica entre 1539 y 1543. Partieron de la Florida, donde encontraron a Juan Ortiz, el quinto superviviente de la expedición de Pánfilo de Narváez, que les sirvió de intérprete y guía hasta su muerte en 1541. Atravesaron los actuales estados de Georgia y las Carolinas, cruzaron los montes Apalaches y siguieron por Tennessee, Alabama y Misisipi, llegando en 1541 al río de ese nombre. De Soto es considerado el primer europeo que avistó el curso del Misisipi, si bien Álvarez de Pineda había descubierto la desembocadura en 1519. Lo cruzaron no sin dificultades y continuaron por Arkansas y Luisiana donde volvieron a encontrarse con el gran río. En su orilla occidental Hernando de Soto murió en 1542.

Asumió el mando Luis Moscoso de Alvarado que condujo la expedición hacia el oeste de Luisiana y el suroeste de Texas, hasta que se decidió volver al Misisipi. Navegaron río abajo hasta la desembocadura y costearon por el golfo de México hasta el río Pánuco, donde ya había presencia española. Aunque no se conoce con total exactitud el recorrido realizado durante los cuatro años que duró la expedición, es seguro que atravesaron al menos nueve de los actuales estados de la Unión.

La exploración del suroeste comenzó con un reconocimiento realizado en 1539 por un pequeño grupo que mandaba fray Marcos de Niza y que recorrieron partes de Arizona y Nuevo México. En él iba Estebanico, el esclavo de Andrés Dorantes de Carranza que había acompañado a Cabeza de Vaca.

Ante las expectativas de encontrar metales preciosos generadas por de Niza, Antonio de Mendoza y Pacheco, primer virrey de Nueva España, firmó unas capitulaciones con Francisco Vázquez de Coronado para que organizara una nueva y bien equipada expedición. La componían cerca de 400 españoles y entre 800 y 2000 indios amigos, principalmente tlaxcaltecas. Se desarrolló de 1540 a 1542 y recorrió Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma y Kansas.

Varios destacamentos exploraron lugares fuera de la ruta del grupo principal. Uno de ellos, dirigido por Melchor Díaz, atravesó Arizona y llegó hasta la confluencia de los ríos Colorado y Yuma. Allí logró recuperar los suministros que les había dejado enterrados una flotilla al mando de Hernando de Alarcón enviada por el virrey Mendoza. Alarcón fue el primer europeo que navegó aguas arriba por el río Colorado y el primero en pisar Alta California, en 1540, antes de que lo hiciera Cabrillo.

Otro destacamento, al mando de García López de Cárdenas, llegó al Gran Cañón del Colorado, siendo los primeros europeos en verlo, tal y como destaca Herbert Eugene Bolton en su obra clásica sobre Coronado.

Para mediados del siglo XVI, los españoles habían recorrido prácticamente todo el sur de los Estados Unidos y acumulado una gran cantidad de conocimientos sobre su geografía y etnografía, mucho antes que cualquier otra nación del Viejo Mundo.
La expedición de Coronado. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau.

Nuevo México fue el objetivo de varias pequeñas expediciones que recorrieron este estado, llegando hasta Texas, Oklahoma, Kansas y Arizona: las de Rodríguez y Chamuscado (1581), Antonio de Espejo (1582-1583), Gaspar Castaño de Sosa (1590) y la de Francisco Leyba de Bonilla y Antonio Gutiérrez de Umaña (1594).

En 1583, se había publicado la Real Cédula por la que se autorizaba la expansión por el norte del virreinato de Nueva España con los objetivos de conquistar, poblar, hallar riquezas y convertir a los nativos al cristianismo. No fue hasta 1595 cuando esta empresa se adjudicó al acaudalado minero nacido en Zacatecas Juan de Oñate Salazar quién, tras firmar las capitulaciones con el virrey, la organizó a su costa. Partieron por fin en marzo de 1598. El militar y cronista Gaspar de Villagrá cuenta que 80 carretas y varios miles de cabezas de ganado mayor y menor formaban una gran caravana en la que iban unos 500 colonos, de los cuales solo 120 eran hombres de armas, y un número indeterminado de aliados tlaxcaltecas.

Oñate estableció en la margen izquierda del Río Grande la capital de la nueva provincia a la que llamó San Juan de los Caballeros (desde 2005, Ohkay Owingeh). Solo unos meses después la trasladó a la margen derecha, llamándola San Gabriel. El tercer y definitivo emplazamiento fue Santa Fe, fundada en 1610 por el gobernador Pedro de Peralta, y que en la actualidad es la capital de estado más antigua de los Estados Unidos.

En 1601, Oñate organizó una expedición desde Nuevo México hacia las Grandes Llanuras en busca de Quivira, legendaria ciudad de oro que ya había intentado encontrar Vázquez de Coronado. No se conoce bien la ruta seguida, pero se cree que llegaron a Texas, Oklahoma y tal vez Kansas.

En 1604 otra expedición, esta vez hacia el oeste, atravesó Arizona hasta alcanzar el río Colorado, siguiendo su curso hasta la desembocadura en el golfo de California. Buscaban un posible puerto por el que ser abastecidos con más facilidad que desde México por tierra.

Desde finales del siglo XVII, ante el avance francés desde Canadá hacia el sur siguiendo el curso del Misisipi, España organizó varias expediciones desde Santa Fe para valorar y detener ese avance y también el de una tribu recién aparecida en las Grandes Llanuras, los comanches. En 1720, la de Pedro de Villasur llegó hasta Nebraska, pero fue masacrada junto al río Platte, en el centro geográfico de los Estados Unidos, por los indios pawnee equipados con armas de fuego francesas.

La amenaza gala forzó la expansión española por el sur de Texas para cerrarles el paso al corazón de Nueva España. Tras unos intentos fallidos a finales del siglo XVII y principios del XVIII, se logró en la segunda década de ese siglo. En 1718, se fundaron junto al río San Antonio la misión de San Antonio Valero, el presidio de San Antonio de Béxar y la villa de San Antonio. Pero no fue hasta 1721 cuando la expedición del marqués de Aguayo logró reocupar el este de Texas, dejando tras de sí varias misiones y presidios. Los Adaes, el asentamiento más al este, fue la capital de la provincia entre 1729 y 1770. La llegada de unos pocos colonos y ganado fueron el principio de la presencia hispana permanente en aquel territorio.

El término presidio se usaba para denominar a los puestos y fuertes que defendían la imprecisa frontera norte del virreinato, que incluía el sur de los Estados Unidos. A los soldados que los guarnecían se les conocía como presidiales y también como soldados de cuera, o simplemente cueras, por el chaleco largo de cuero que usaban para protegerse de flechas y armas blancas.
Patrulla de soldados de cuera.
Fragmento de un cuadro inacabado de Miguel Morales Palacios.

California, al igual que Texas, tuvo que ser ocupada y colonizada para frenar el avance de una potencia extranjera. Alta California quedaba lejos de otras provincias de la Nueva España y el acceso resultaba difícil. Por mar, las mismas corrientes que ayudaban a los galeones de Manila dificultaban la navegación hacia el norte desde los puertos del Pacífico Mexicano. Por tierra, había que atravesar territorios semidesérticos. Pero en 1769, la expedición dirigida por Gaspar de Portolá y fray Junípero Serra marcó el comienzo de la presencia española por aquella región, que se desarrolló con notable éxito.

Hubo muchos más españoles que recorrieron otras zonas remotas de los dominios de la Monarquía Hispánica. Misioneros como el jesuita Eusebio Kino y los franciscanos Francisco Garcés, Francisco Atanasio Domínguez o Silvestre Vélez de Escalante, exploradores franceses al servicio de España como Atanasio de Mézières y Pedro Vial, militares como los Anza (padre e hijo), comancheros y ciboleros, realizaron grandes viajes por lugares de los actuales Estados Unidos alejados de cualquier asentamiento europeo. Atravesaron las Grandes Llanuras y llegaron a Nebraska, Colorado, Nevada, Utah, Oregón o Montana.

Durante el siglo XVIII, ingenieros militares como Francisco Álvarez Barreiro, Nicolás de Lafora, José de Urrutia, Juan José Pagazaurtundua y Miguel de Constanzó, o el capitán de milicias Bernardo de Miera y Pacheco, generaron una importante cartografía. Fueron los primeros mapas de buena parte de Norteamérica.
Interior del presidio de Tucson (Arizona). Mural de Bill Singleton.
Texto extraído y adaptado de Las raíces hispanas de los Estados Unidos por cortesía de la Asociación Cultural Héroes de Cavite.

viernes, 4 de agosto de 2023

Spanish Cities and Caminos Reales (Royal Roads) in the U.S.

Versión en español

The Spanish presence in the current United States gave rise to many settlements, which usually retain their Hispanic names. They include St. Augustine (Florida), Santa Fe and Albuquerque (New Mexico), El Paso and San Antonio (Texas) or San Diego, Monterey, Santa Barbara, Los Angeles and San Francisco (California), some of which have already been mentioned. Populations often developed around a presidio (fort or garrison of soldiers).
Santa Bárbara Presidio (California)

Communications were often made over what were called royal roads, such as the Camino Real de Tierra Adentro [Royal Road of the Interior Land], which ran from Mexico City to Santa Fe (New Mexico). Another was the Camino Real de los Texas [Royal Road of the Tejas Indians], which had several branches and made it easy to reach this province from the center of the Viceroyalty of New Spain. It ended in Natchitoches, in modern Louisiana.

There were other later routes, such as the Anza Trail, which allowed travel from Sonora and Arizona to California; the Santa Fe Trail, which linked St. Louis Missouri) with the capital of New Mexico; or the Old Spanish Trail, which went from Santa Fe to Los Angeles, passing through Colorado and Utah, part of which was already known to the Spaniards by the seventeenth century.

The above five roads and routes have been declared National Historic Trails.

Another route, which is not a National Historic Trail and overlaps part of the Anza Route, is the so-called Historic California Missions Trail, which links the 21 missions founded in that state
Roads and routes declared National Historic Trails.

It is also known as the Camino Español [Spanish Trail], which crossed the southern United States from St. Augustine (Florida) to link with the Camino Real de los Tejas. The stretch from St. Augustine to Pensacola was much used, while its location was Spanish territory, unlike the stretch from Mobila to Texas, due to the repeated changes of sovereignty of Louisiana.

The roads articulated cities and towns, haciendas, missions and presidios, which constituted the bases of colonization and trade, of the diffusion of the Spanish language, culture, legislation and religion.

When the Anglo-Americans arrived in the territories of the Southwest that had previously been provinces of the Hispanic Monarchy, they did not find empty, unexplored and wild territories, but inhabited, well known ones with a mixed-race culture with Spanish roots.

Text extracted and adapted from The Hispanic Roots of the United States by courtesy of Asociación Cultural Héroes de Cavite.

Ciudades y caminos reales españoles en USA

English version

La presencia española en los actuales Estados Unidos dio origen a muchos asentamientos, que suelen conservar sus nombres hispanos. Son los casos de San Agustín (Florida), Santa Fe y Albuquerque (Nuevo México), El Paso y San Antonio (Texas) o San Diego, Monterey, Santa Bárbara, Los Ángeles y San Francisco (California). Con frecuencia, las poblaciones surgían en torno a un presidio (fuerte o guarnición de soldados).
Presidio de Santa Bárbara (California)

Las comunicaciones se realizaron a menudo por los denominados caminos reales, como el Camino Real de Tierra Adentro que iba desde Ciudad de México hasta Santa Fe, en Nuevo México. Otro era el Camino Real de los Tejas, que tenía varios ramales y facilitaba llegar a esta provincia desde el centro del virreinato de Nueva España. Acababa en Natchitoches, en la moderna Luisiana.

Hubo otras rutas más tardías, como la Ruta de Anza, que permitía ir desde Sonora y Arizona hasta California, el Camino de Santa Fe, que enlazaba San Luis (Misuri) con la capital de Nuevo México, o el Viejo Camino Español que iba de Santa Fe a Los Ángeles, pasando por Colorado y Utah, parte del cual ya era conocido por los españoles desde el siglo XVII.

Los cinco caminos y rutas anteriores están declarados National Historic Trails (Caminos Históricos Nacionales).

Otra ruta, que no es National Historic Trail y que se superpone con parte de la Ruta de Anza, es el llamado Camino Real de las Misiones de Alta California, que une las 21 misiones fundadas en ese estado.
Caminos y rutas declarados National Historic Trails.

También se conoce como Camino Español el que atravesaba el sur de los Estados Unidos, desde San Agustín (Florida) hasta enlazar con el Camino Real de los Texas. Fue muy utilizado el tramo de San Agustín a Pensacola, mientras fue territorio español, pero no así desde de Mobila hasta Texas por los repetidos cambios de soberanía de Luisiana.

Los caminos articularon a ciudades y pueblos, haciendas, misiones y presidios, que constituyeron las bases de la colonización y el comercio, de la difusión del idioma, la cultura, la legislación y la religión españolas.

Cuando los anglo norteamericanos llegaron a los territorios del suroeste que antes habían sido provincias de la Monarquía Hispánica, no se encontraron unos territorios vacíos, inexplorados y salvajes, sino habitados, bien conocidos y con una cultura mestiza de raíces españolas.

Texto extraído y adaptado de Las raíces hispanas de los Estados Unidos por cortesía de la Asociación Cultural Héroes de Cavite.

jueves, 3 de agosto de 2023

Spanish legacy in U.S. culture, language and religion

Versión en español

Spain brought and shared its culture, language and creed. With them, it contributed values and principles that had laid the foundations of institutions such as the School of Salamanca, composed of jurists, academics and members of religious orders.

Part of Castilian law was transplanted to America, where it was in force for centuries. Also, laws protecting the natives were gradually added, which are in the Compilation of the Laws of the Kingdoms of the Indies, published by order of King Charles II of Spain in 1681.
During the reign of Charles II the Compilation of the Laws of the Kingdoms of the Indies (1680) was published, slaves escaped from the English colonies were protected and given their freedom (1693), and the Castillo de San Marcos was built in St. Augustine, Florida (1672-1695).
The Hispanic Monarchy always intended to integrate the natives into Spanish society. It was an inclusive colonization and Spanish law, clearly and absolutely, assured sedentary Indians property rights over the land they occupied (phrase of California Senator John Charles Frémont, said in 1850).

The laws protected the natives. The mission system was used to integrate them into Hispanic society. This system had social, economic and political objectives in addition to teaching the Catholic religion. Missionaries provided the natives with tools, such as trades and technologies, that would allow them to live in peace in a modern, sedentary society as subjects of the King of Spain.

In United States territory, the California missions - which Friar Junípero Serra was the first to found - and those of New Mexico achieved remarkable success. Other attempts, such as those made with the Apaches, barely had any results. A well-known case is that of the mission of San Sabá, built in 1758 near present-day Menard (Texas) and razed to the ground a few months later by Taowayas, Comanches, Wichita, Caddos and other enemies of the Apaches. Also in Texas, five missions were founded around San Antonio. They were the first buildings built in stone in this state and are UNESCO-declared world heritage sites. One of them, San Antonio Valero Mission, founded in 1718 by Friar Antonio de Olivares, is better known as The Alamo for the battle that took place there in 1836.
Mission San Antonio Valero, The Alamo.
Another noteworthy fact involves Florida Governor Manuel de Montiano. Governor Montiano protected  slaves who had escaped British colonies. He ordered Fort Mose to be built. It was the first settlement in North America for free Blacks. In 1740, Spaniards and Blacks, together defended Florida from British attack in the Asiento War or War of Jenkins' Ear.

The American territories were provinces of the Hispanic Monarchy, on equal legal footing as the rest of the Empire. Hence the interest in achieving a degree of cultural unification, which nevertheless respected many indigenous uses and customs. The expansion of Spanish was not something imposed, but a practical matter as it was a lingua franca that enabled communication throughout an entire continent, from California to Patagonia.

The Spanish introduced horses, cattle, sheep, pigs and poultry into the United States. Horses did not arrive from the East Coast; they came from the south, from the heart of the Viceroyalty of New Spain. To a much lesser extent, they also arrived through Florida. Horses changed Native American lives and history. Horses enabled them to transport more things, to move faster and farther, to hunt more, and to have superiority in war over other indigenous groups that had none or fewer of them. Often, these animals were also a source of food. Many escaped and reproduced freely in large numbers, giving rise to herds of wild horses known as mesteños, or mustangs. The term mesteño, which means “having no expressly recognized owner,” comes from the old Spanish institution of La Mesta, which communally managed herds of cattle.
Arrival and Spread of Horses in North America.
Cattle ranching in Texas and the figure of the cowboy are of Spanish origin. Longhorn cattle descend from Andalusian marsh cows. A century before the Lone Star State became independent, large cattle drives (arreos de ganado) were already taking place there. Those cattle drives were what are now called rodeos, a term of little-known origin. In Hispanic North America, there were haciendas and ranchos long before the United States existed as an independent nation. Since the sixteenth century, settlers traveled by caravans of carts, which is how the wheel was introduced. The goods were usually transported on the backs of mules.

It was not just horses which changed the lives and customs of many indigenous groups. For example, the Navajo learned to use sheep's wool to weave blankets and they also became skilled goldsmiths.
Marsh cows, ancestors of longhorns.
Watercolour by José A. Sencianes Ortega.
The Spaniards brought olive trees, grapevines, many types of fruit trees, cereals, leguminous plants, and vegetables, which went on to become part of the agriculture and landscape of a good part of the United States. The sedentary, agricultural Pueblo Indians of New Mexico improved their crops and irrigation with the new plant species and agricultural technologies brought by the Spaniards.

Other arrivals included coins used as a means of payment in commercial exchanges, writing, the printing press, and the construction and urban planning techniques of cities such as Santa Fe or San Antonio.

Actions by the Crown to improve the lives of its subjects included the campaign of free vaccinations against smallpox. Known as the Royal Philanthropic Vaccine Expedition, or Balmis-Salvany Expedition, it took place between 1803 and 1812. King Charles IV of Spain, whose family had suffered the ravages of the disease, supported the proposal by Doctor Francisco Javier Balmis to take Edward Jenner’s recent discovery to the inhabitants of the entire Monarchy. In addition, the so-called Vaccination Boards would be organized so that the process reached absolutely everywhere. In California, Arizona, New Mexico and Texas, the vaccine was administered both to the children of Spaniards and to those of all the sedentary and nomadic indigenous tribes who accepted it, such as the Navajo and the Comanche. This expedition was the first mass global vaccination campaign in history.
The merchant corvette María Pita arrives in San Juan de Puerto Rico with smallpox vaccine.
Painting by Carlos Parrilla Penagos.

As always, innovative contributions for war could not go wanting. In addition to the use of firearms and cavalry, bastioned fortifications were built, such as San Marcos Castle in St. Augustine, the most imposing testimony of ancient military architecture in the United States.

Regulations were enacted for the better operation of the presidios. A line of them was established almost along the present border between Mexico and the United States to defend the northern Viceroyalty of New Spain from the incursions of Apaches, Comanches and other hostile tribes.

Text extracted and adapted from The Hispanic Roots of the United States by courtesy of Asociación Cultural Héroes de Cavite.

Legado español en la cultura, idioma y religión de USA

English version

España llevó a los Estados Unidos y compartió su cultura, lengua y credo. Con ellos aportó valores y principios cuyas bases habían sentado instituciones como la Escuela de Salamanca, integrada por juristas, académicos y religiosos.

Parte del derecho castellano se trasplantó a América, donde estuvo en vigor durante siglos. Además, se le fueron añadiendo sucesivas leyes protectoras de los indígenas, que se pueden encontrar en la Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias, mandadas publicar por el rey Carlos II en 1681.
Durante el reinado de Carlos II, se publicó la Recopilación de las Leyes de Indias (1680), se protegió a los esclavos huidos de las colonias inglesas dándoles la libertad (1693) y se construyó el Castillo de San Marcos en San Agustín de la Florida (1672-1695).
La Monarquía Hispánica siempre quiso integrar a los nativos en la sociedad española. Fue una colonización incluyente y la ley española, de manera clara y absoluta, aseguraba a los indios sedentarios derechos de propiedad sobre la tierra que ocupaban (frase del senador por California John Charles Frémont dicha en 1850).

Las leyes protegieron a los indígenas y para su integración en la sociedad hispana se recurrió al sistema de misiones que, además de enseñar la religión católica, tenían objetivos sociales, económicos y políticos. Los misioneros proveían a los nativos de herramientas, como oficios y tecnologías, que les permitieran vivir en paz en una sociedad moderna y sedentaria como súbditos del rey de España.

En el territorio de los Estados Unidos, las misiones de California que comenzó a fundar fray Junípero Serra, o las de Nuevo México, alcanzaron notable éxito. Otros intentos, como los realizados con los apaches, apenas obtuvieron resultados. Un caso bien conocido es el de la misión de San Sabá construida en 1758 cerca del actual Menard (Texas) y arrasada pocos meses después por taowayas, comanches, wichita, caddos y otros enemigos de los apaches. También en Texas, en torno a San Antonio, se fundaron cinco misiones. Fueron los primeros edificios construidos en piedra en este estado y están declarados patrimonio mundial por la UNESCO. Uno de ellos, la misión de San Antonio Valero, fundada en 1718 por fray Antonio de Olivares, es más conocido como El Álamo por la batalla que tuvo lugar allí en 1836.
Misión de San Antonio Valero, El Álamo.
Otro hecho destacable es el del gobernador de la Florida Manuel de Montiano. Protegió a los esclavos huidos de las colonias inglesas y mandó construir fuerte Mosé, el primer asentamiento de negros libres de Norteamérica. En 1740, todos juntos defendieron la Florida de un ataque británico, durante la conocida como guerra del Asiento o guerra de la Oreja de Jenkins.

Los territorios americanos fueron provincias de la Monarquía Hispana, en igualdad de condiciones legales con todas las demás del Imperio. De ahí el interés en lograr una cierta unificación cultural, que sin embargo respetó muchos usos y costumbres indígenas. La expansión del español no fue algo impuesto, sino una cuestión de índole práctica al ser una lengua franca que permitía comunicarse a través de todo un continente, desde California a la Patagonia.

Los españoles introdujeron en Estados Unidos el ganado equino, bovino, ovino, porcino y aviar. El caballo no llegó por la costa este, sino por el sur, desde el centro del virreinato de Nueva España. En mucha menor medida también llegó por la Florida. El caballo cambió la vida y la historia de los nativos americanos. Con ellos pudieron transportar más cosas, desplazarse más rápido y más lejos, cazar más y ser superiores en la guerra frente a otros grupos indígenas que no los tuvieran o los tuvieran en menor cantidad. Con frecuencia, estos animales fueron también fuente de alimento. Muchos escaparon y se reprodujeron libres en gran número dando lugar a las manadas de caballos salvajes conocidos como mesteños o mustangs. El término mesteño proviene de la antigua institución española de La Mesta, que administraba rebaños de ganado en comunidad, sin un dueño expresamente reconocido.
Llegada y difusión del caballo en América del Norte.
La ganadería en Texas y la figura del cowboy son de origen español. El ganado cuernilargo, o longhorn, desciende de las vacas marismeñas andaluzas. Un siglo antes de que el estado de la estrella solitaria fuera independiente, ya se hacían allí grandes arreos de ganado. Esos arreos eran lo que en la actualidad se llaman rodeos, término cuyo origen es apenas conocido. En la Norteamérica hispana había haciendas y ranchos, mucho antes de que existieran los Estados Unidos como nación independiente. Desde el siglo XVI hubo caravanas de carretas en las que viajaban colonos y con las que se introdujo la rueda. Las mercancías se solían transportar a lomos de mulas.

No solo el caballo cambió la vida y costumbres de muchos grupos indígenas. Por ejemplo, los navajos aprendieron a usar la lana de las ovejas para tejer mantas y también se convirtieron en hábiles orfebres.
Vacas marismeñas, antecesoras de los cuernilargos o longhorn.
Acuarela de José A. Sencianes Ortega.
Con los españoles vinieron olivos, vides, muchos tipos de frutales, cereales, leguminosas, hortalizas, que pasaron a formar parte de la agricultura y el paisaje de una buena parte de los Estados Unidos. Los indios pueblo de Nuevo México, sedentarios y agricultores, mejoraron sus cultivos y regadíos con las nuevas especies vegetales y tecnologías agrícolas que llevaron los españoles.

También trajeron las monedas como medio de pago en los intercambios comerciales, la escritura, la imprenta, las técnicas de construcción y el urbanismo de ciudades como Santa Fe o San Antonio.

Entre las actuaciones de la corona para mejorar la vida de sus súbditos, estuvo la campaña de vacunación gratuita contra la viruela. Entre 1803 y 1812 se desarrolló la conocida como Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, o Expedición Balmis-Salvany. El rey Carlos IV, cuya familia había sufrido los estragos de la enfermedad, apoyó la propuesta del médico Francisco Javier Balmis de llevar el reciente descubrimiento de Edward Jenner a los habitantes de toda la Monarquía. Además, se organizarían las llamadas Juntas de Vacunación para que el proceso alcanzara hasta el último rincón. En California, Arizona, Nuevo México y Texas fueron vacunados tanto los hijos de españoles como los de todas las tribus indias sedentarias y nómadas que aceptaron, como los navajos y los comanches. Esta expedición fue la primera campaña de vacunación masiva y global de la historia.
La corbeta mercante María Pita llega a San Juan de Puerto Rico con la vacuna de la viruela.
Cuadro de Carlos Parrilla Penagos.

Como siempre ocurre, en la guerra no podían faltar aportaciones innovadoras. Además del uso de las armas de fuego y el empleo de la caballería, se construyeron fortificaciones abaluartadas como el castillo de San Marcos, en San Agustín (Florida), el más imponente testimonio de arquitectura militar antigua en los Estados Unidos.

También se promulgaron reglamentos para el mejor funcionamiento de los presidios y se estableció una línea de ellos, casi sobre la actual frontera entre México y los Estados Unidos, para defender el norte del virreinato de Nueva España de las incursiones de apaches, comanches y otras tribus hostiles.

Texto extraído y adaptado de Las raíces hispanas de los Estados Unidos por cortesía de la Asociación Cultural Héroes de Cavite.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Spanish contribution to U.S. Independence

Versión en español

When in 1775, the Thirteen Colonies rebelled against England, the monarchies of Spain and France saw an opportunity to get even with their traditional enemy. However, the situation of each was different. France had been expelled from America after the Seven Years' War, while Spain maintained its American dominions and feared that the Creoles would follow the example of the American revolutionaries.

Nevertheless, Spanish aid to revolutionaries was present from the beginning of the hostilities. Merchant and shipowner Diego de Gardoqui, upon request of his partners Elbridge Gerry and Jeremiah Lee, members of the Massachusetts Committee of Supplies, in charge of the organization of the Continental Army, sent large quantities of weapons, ammunition, gunpowder and logistical support of all kinds. For his part, Luis de Unzaga, governor of Louisiana (1770-1776), facilitated the shipment of smuggled supplies, especially gunpowder, from New Orleans via the Mississippi River. He himself delivered, in September 1776, 10,000 pounds that General Charles Lee had requested. Unzaga's successor as governor of Louisiana, Bernardo de Gálvez (1777-1783), increased shipments. Much of what was supplied came from Cuba and Mexico.

In September 1776, on the advice of Spanish ambassador in Paris Count of Aranda, both nations paid for and secretly sent a very important cargo, which among other things, included more than 200 cannons, 30,000 rifles with gunpowder and bullets and thousands of uniforms.

All this help allowed the revolution to survive, after a start in which it lacked almost everything and was about to be completely defeated.

In late 1776, the new U.S. Congress sent a commission made up of Benjamin Franklin, Arthur Lee, and Silas Dean to Europe seeking support. The Count of Aranda, after meeting Franklin in January 1777, recommended to the court of Madrid that the representatives of Congress be officially recognized, and that Spain declare war on England. The secretary of state, Marquis de Grimaldi, did not share Aranda's view. Faced with the importance of the matter, the king convened a council of state to seek the opinion of his ministers. Caution prevailed among most of them because of the damage that could be caused if the English fleet were to attack Spanish possessions and interrupt trade flows, including the arrival of precious metals from America. In addition, there was the aforementioned fear of revolutionary contagion in the American provinces.

King Charles III initially adopted a somewhat ambiguous stance: he would continue to help the Thirteen Colonies surreptitiously as long as there was no declaration of war on England, but without recognizing the Declaration of Independence of July 4 or the diplomatic status of the representatives of Congress. In turn, this obstructedd Americans recognition of the decisive help they received from Spain.

To carry out the agreed plans, Gardoqui was tasked with managing supplies to the Thirteen Colonies and Juan de Miralles, a merchant based in Cuba, was appointed unofficial representative of Spain at the Congress of Philadelphia. Miralles was a business partner of Robert Morris, known as the banker of the revolution and who had Oliver Pollock as his representative in New Orleans. Pollock maintained very good relations with both Luis de Unzaga and Bernardo de Gálvez.

France went to war with England in 1778 and dragged Spain into it in 1779, in application of the Family Compact (Pacto de Familia) between the Bourbon dynasties and after negotiations failed to recover Gibraltar and Menorca in exchange for neutrality. The American Revolution became a conflict involving the major powers of the time, each with its own strategic interests.

Bernardo de Gálvez had been making preparations, given the foreseeable declaration of war. By means of a rapid action, he drove the English from the east bank of the Mississippi after taking Fort Manchac, Baton Rouge and Natchez with a very small, multiracial, multicultural, well directed and motivated army. He seized Mobila in March 1780 and Pensacola in May 1781, in the boldest and best-known of his actions. The British could no longer send reinforcements and supplies across the Gulf of Mexico.
Galvez's March. Painting by Augusto Ferrer-Dalmau.

In May of 1780, the British attempted to occupy the northern part of the Mississippi River Valley in Upper Louisiana. Captain Fernando de Leyba mounted a Numantian defense from the remote post of St. Louis, Missouri. With limited means, he managed to push back the attack and abort the English offensive.

Another important figure who played a key role was Francisco de Saavedra, who arrived in Cuba in 1780 as a special envoy of Charles III. He became renowned for his conciliatory spirit in the often-difficult relations between the Americans, the French and the Spanish. In 1781, he managed to have a squadron sent from Havana commanded by José Solano y Bote with Bernardo de Gálvez’s expedition that was going to lay siege to Pensacola. That same year, Saavedra agreed with French admiral De Grasse on the strategy to be followed in the Caribbean and on the loan of large amounts of Spanish money to pay his soldiers and sailors as well as the Americans. He also managed the transfer from Santo Domingo in Spanish ships of the French troops that participated in the decisive battle of Yorktown, which took place that same year.

Since the declaration of war in 1779, a large part of the budget of the Spanish empire was devoted to financing it. Between 1780 and 1783, the king had to establish a special donation to all the inhabitants of the empire. Most of it was collected in the Viceroyalty of New Spain.

Finally, in 1783, the peace treaty establishing the independence of the United States was signed at Versailles.

Spanish infantry musket model 1789.
Courtesy of José Manuel Rodríguez Gómez-Escobar.

In September 1784, Diego de Gardoqui was appointed as the first official ambassador of the Kingdom of Spain to the new nation. He presented his credentials in New York, then the nation's capital, in June 1785. From his post, he tried to get Congress to accept Spain's exclusive right of navigation on the Mississippi, which could have been accepted by the northern states, but not those of the south, which depended on that waterway to get their products to the Gulf of Mexico. These states even threatened to break up the Union if Spain was recognized the right it claimed. Despite the help, in this case of Secretary of State John Jay, Gardoqui did not get the necessary majority in Congress for his request to be accepted and included in a treaty between the two nations. Finally, the ambassador had to give up his difficult mission, which ended after attending as Spain's representative the inauguration of the first president, George Washington, in New York, in 1789.

An idea of the importance of Spanish aid to the independence of the Thirteen Colonies is given by the fact that the first currency of the United States was the Real de a ocho (Spanish peso fuerte), known as “Spanish Dollar” among English speakers. Long used, it was declared official currency by the Continental Congress on July 6, 1785, being legal tender until 1857. When the first US dollar was minted in 1794, it was made following the pattern of the Spanish currency. The $ sign of the current dollar comes from that Hispanic currency.

The history of the United States would have been very different without the help of Spain, help that it never recovered or even got the recognition it deserved.

Text extracted and adapted from The Hispanic Roots of the United States by courtesy of Héroes de Cavite Cultural Association.

Contribución española a la independencia de USA

English version

Cuando en 1775 las Trece Colonias se rebelaron contra Inglaterra, las monarquías de España y Francia vieron la oportunidad de desquitarse de su tradicional enemigo. Sin embargo, la situación de cada una era diferente. Francia había sido expulsada de América tras la guerra de los Siete Años, mientras que España mantenía sus dominios americanos y temía que los criollos siguieran el ejemplo de los revolucionarios americanos.

A pesar de todo, la ayuda española existió desde el comienzo de las hostilidades. El comerciante y naviero Diego de Gardoqui, a petición de sus socios Elbridge Gerry y Jeremiah Lee, miembros del Comité de Suministros de Massachussets, encargado de la organización del Ejército Continental, envió grandes cantidades de armas, municiones, pólvora y apoyo logístico de todo tipo. Por su parte, Luis de Unzaga, gobernador de Luisiana (1770-1776), facilitó que desde Nueva Orleans por el Misisipi se enviaran de contrabando suministros, sobre todo pólvora. Él mismo entregó, en septiembre de 1776, 10.000 libras que había pedido el general Charles Lee. El sucesor de Unzaga como gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez (1777-1783), incrementó los envíos. Buena parte de lo suministrado procedía de Cuba y México.

En septiembre de 1776, por consejo del conde de Aranda, embajador de España en París, ambas naciones pagaron y enviaron en secreto un muy importante cargamento que, entre otras cosas, incluía más de 200 cañones, 30.000 fusiles con pólvora y balas y miles de uniformes.

Toda esta ayuda permitió a la revolución sobrevivir, tras un comienzo en el que carecía de casi todo y en el que estuvo a punto de ser completamente derrotada.

A finales de 1776, el nuevo Congreso estadounidense envió a Europa en busca de apoyos a una comisión formada por Benjamín Franklin, Arthur Lee y Silas Dean. El conde de Aranda, tras entrevistarse con Franklin en enero de 1777, recomendó a la corte de Madrid que se reconociese oficialmente a los representantes del Congreso y que España declarase la guerra a Inglaterra. El secretario de estado, marqués de Grimaldi, no compartió la opinión de Aranda. Ante la importancia del asunto, el rey convocó un consejo de estado para recabar la opinión de sus ministros. En la mayoría de ellos primaba la cautela por los perjuicios que podría provocar que la flota inglesa atacara las posesiones españolas e interrumpiera los flujos comerciales, incluida la llegada de metales preciosos desde América. Además, estaba el ya citado temor al contagio revolucionario en las provincias americanas.

El rey Carlos III adoptó inicialmente una postura un tanto ambigua: seguiría ayudando a las Trece Colonias, subrepticiamente mientras no hubiera declaración de guerra con Inglaterra, pero sin reconocer la Declaración de Independencia del 4 de Julio ni el estatus diplomático a los representantes del Congreso. Esto constituyó un obstáculo para que los americanos reconocieran a su vez la decisiva ayuda que recibieron de España.

Para llevar a cabo los planes acordados, se encargó a Gardoqui que gestionara los suministros a las Trece Colonias y se nombró representante no oficial de España en el Congreso de Filadelfia a Juan de Miralles, un comerciante afincado en Cuba. Miralles era socio comercial de Robert Morris, conocido como el banquero de la revolución y que tenía como representante en Nueva Orleans a Oliver Pollock. Pollock mantenía muy buenas relaciones tanto con Luis de Unzaga como con Bernardo de Gálvez.

Francia entró en guerra con Inglaterra en 1778 y arrastró a España a hacerlo en 1779, en aplicación del Pacto de Familia entre las dinastías borbónicas y tras fracasar las negociaciones para recuperar Gibraltar y Menorca a cambio de la neutralidad. La revolución americana pasó a ser un conflicto en el que estaban involucradas las principales potencias de la época, cada una con sus propios intereses estratégicos.

Bernardo de Gálvez se había estado preparando ante la previsible declaración de guerra y con un muy pequeño ejército, multirracial y multicultural, bien dirigido y motivado, en una rápida acción echó a los ingleses de la orilla oriental del Misisipi tras tomar el fuerte Manchac, Baton Rouge y Natchez. Se apoderó de Mobila en marzo de 1780 y de Pensacola en mayo de 1781, en la más audaz y conocida de sus acciones. Los ingleses ya no podrían enviar refuerzos y suministros por el golfo de México.
La marcha de Gálvez. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau.

En mayo de 1780, los británicos intentaron ocupar la parte norte del valle del río Misisipi, en la Alta Luisiana. El capitán Fernando de Leyba realizó una defensa numantina del remoto puesto de San Luis (Misuri) y, con muy escasos medios, consiguió rechazar el ataque y abortar la ofensiva inglesa.

Otro personaje que desempeñó un papel clave fue Francisco de Saavedra, que llegó a Cuba en 1780 en calidad de enviado especial de Carlos III. Se distinguió por su ánimo conciliador en las a menudo difíciles relaciones entre americanos, franceses y españoles. En 1781, consiguió el envío desde La Habana de una escuadra al mando de José Solano y Bote con la expedición de Bernardo de Gálvez que iba a sitiar Pensacola. Ese mismo año, Saavedra acordó con el almirante francés De Grasse la estrategia a seguir en el Caribe y el préstamo de grandes cantidades de dinero español para pagar a sus soldados y marinos, así como a los estadounidenses. También gestionó el traslado desde Santo Domingo en barcos españoles de las tropas francesas que participaron en la decisiva batalla de Yorktown, que tuvo lugar ese mismo año.

Desde la declaración de guerra en 1779, una gran parte del presupuesto de la Monarquía Hispana se dedicaba a financiarla. El rey tuvo que establecer entre 1780 y 1783 un donativo especial a todos los habitantes del imperio. La mayor parte se recaudó en el virreinato de Nueva España.

Por fin en 1783 se firmó en Versalles el tratado de paz que consagraba la independencia de los Estados Unidos.

Mosquete español de infantería modelo 1789.
Cortesía de José Manuel Rodríguez Gómez-Escobar.

En septiembre de 1784, Diego de Gardoqui fue nombrado primer embajador oficial del reino de España en la nueva nación. Presentó sus cartas credenciales en Nueva York, entonces la capital del país, en junio de 1785. Desde su puesto trató de que el Congreso aceptase el derecho de navegación exclusiva de España por el Misisipi, lo que hubieran podido admitir los estados del norte, pero no los del sur, que dependían de esa vía fluvial para sacar sus productos al Golfo de México. Estos estados llegaron a amenazar con romper la Unión si se reconocía a España el derecho que reclamaba. A pesar de la ayuda, en este caso del secretario de estado John Jay, Gardoqui no consiguió la mayoría necesaria en el Congreso para que su petición fuera aceptada y se pudiera incluir en un tratado entre ambas naciones. Finalmente, el embajador tuvo que renunciar a su difícil misión, que acabó después de asistir como representante de España a la toma de posesión del primer presidente, George Washington, en Nueva York, en 1789.

Una idea de la importancia de la ayuda española a la independencia de las Trece Colonias la da el hecho de que la primera moneda de Estados Unidos fue el Real de a ocho (Peso fuerte hispano), conocido como Spanish Dollar entre los anglohablantes. Usada desde tiempo atrás, fue declarada moneda oficial por el Congreso continental el 6 de julio de 1785, siendo de curso legal hasta 1857. Cuando en 1794 se acuñó el primer dólar estadounidense se hizo siguiendo el patrón de la moneda española. El signo $ del dólar actual proviene de esa moneda hispana.

La historia de Estados Unidos habría sido muy diferente sin la ayuda de España, ayuda que nunca recuperó, ni obtuvo siquiera el reconocimiento que merecía.

Texto extraído y adaptado de Las raíces hispanas de los Estados Unidos por cortesía de la Asociación Cultural Héroes de Cavite.

martes, 1 de agosto de 2023

Spanish Art, Place Names and Symbols in the U.S.

Versión en español

A quarter of a millennium before the Declaration of Independence on July 4, 1776, the Spanish were already exploring and attempting to colonize parts of North America. By the time the Myflower reached the east coast in 1620, St. Augustine had been founded 55 years earlier and Santa Fe 10. Most of the coasts were charted and numerous expeditions had traversed those lands, from Florida to the Gulf of California, from the Rio Grande to Nebraska. Geographical features such as the Mississippi River or the Grand Canyon of the Colorado were now known to Europeans.

Cities, roads, language, religion, legislation, agriculture, livestock, Hispanic culture, all were part of the United States before they even existed as a concept. Its independence also owes a debt to Spain and to the Hispanics who contributed so much with their blood, their farms and their efforts to the birth of this great nation.

Therefore, it is not surprising that frequent Spanish influences can be found in art, place names and symbols in the United States.

In the Capitol in Washington, references to more than 300 years of Hispanic presence are numerous. In the Central Rotunda, the true heart of the building, there are eight large historical paintings. One of them is dedicated to the discovery of the Mississippi by Hernando de Soto and another to the arrival of Christopher Columbus in America in 1492. Also in the Rotunda, but higher up, is the frieze of American history that depicts 19 major events. Four of them refer to Spanish figures: Christopher Columbus and Hernando de Soto reappear and now Hernán Cortés and Francisco Pizarro appear as well.

The National Statuary Hall was intended to be a hall in which to exhibit the statues of the two most important figures of the history of each state of the Union. As there already are 100 statues, they have had to be distributed to various places of the Capitol. Two have close ties with Spain: that of Franciscan Friar Junípero Serra, representing California, and that of Jesuit Eusebio Kino, representing Arizona.

At the House of Representatives, there are 23 marble portraits of as many figures noted for their contributions to the establishment of the principles underlying American law. One of these portraits is that of King Alfonso X the Wise. The reason for including him is the legal legacy that Spain left in many territories of the country. During his reign, the body of laws known as the Siete Partidas [Seven-Part Code] was drafted, which was also observed in the American territories, making adaptations as needed over time. After independence, Spanish regulations did not disappear and numerous rulings citing the Siete Partidas can be found in the Supreme Courts of Louisiana, Texas, Arizona, New Mexico and California.

In addition to all of the above, the Capitol contains other paintings that evoke the arrival of Christopher Columbus, the city of St. Augustine, the missions and the entrance into Monterey of Gaspar de Portolá’s and friar Junípero Serra’s expedition. Columbus reappears in the Columbus Doors, doors that depict nine scenes of his life.
Portrait of Bernardo de Gálvez in the Capitol in Washington.
The painting is a copy
by Carlos Monserrate of the original by Mariano Salvador Maella.

Lastly, there is the portrait of Bernardo de Gálvez, which hangs in a hall of honor of the Senate Foreign Relations Committee, and a painting of Dominican friar Bartolomé de las Casas with the title “Bartolomé de las Casas, the apostle of the natives".

The writings of Fray Bartolomé de las Casas were not rigorous and exaggerated facts so as to be emotionally moving, which gave rise to a Black Legend that was spread for centuries for exclusively political motivations. A prejudice against the Spanish presence in America was thus created and spread, deeply entrenched in the historiography, which remains today and ignores all Spanish legislation and the Valladolid Debate.

The efforts to make known Spain’s contribution to the American Revolution led to Bernardo de Gálvez having been declared Honorary Citizen of the United States. There is equestrian statue of him in Bernardo de Gálvez Memorial Park, near the White House.

There is another prominent painting of him at a capitol, but in this case, it is the Utah State Capitol. There is a mural on a pendentive dedicated to the expedition of Fathers Domínguez and Escalante, the first Europeans to arrive at Lake Utah and to learn of the existence of the Great Salt Lake. At the Colorado State Capitol, a stained-glass window commemorates cartographer Bernardo de Miera and other participants in the expedition, who are also represented
Paintings of the rotunda of the Utah State Capitol in Salt Lake City.
Fathers Escalante and Dominguez can be seen at lower right.
Photo by Dick Ebert

In many places in the United States, there are plaques that evoke events and important figures from Hispanic North American history. This is the case of the victory of Juan Bautista de Anza over Comanche Cuerno Verde in Colorado in 1779, the Jornada del Muerto (Dead Man’s Journey) on the Camino Real de Tierra Adentro, Los Adaes, Gálvez, Villasur, the Royal Presidio of Santa Cruz de Terrenate, that of Tucson, or the trips of Franciscan friar Francisco Garcés.

Plaques in memory of Juan Bautista de Anza’s victory over Comanche Chief Greenhorn in Colorado and of the Camino Real de los Tejas.

There are numerous statues too. In Pennsylvania, there is one of Diego de Gardoqui; and in Florida, plaques of Ponce de León, Pedro Menéndez de Avilés, Tristán de Luna, Hernando de Soto and Bernardo de Gálvez can be found. In Texas, there are plaques of Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Juan de Oñate, José de Escandón, (who introduced cattle farms into that state) Franciscan missionary Friar Antonio Margil de Jesús, and a monument to the Spanish pioneers. In New Mexico, we have statues of Juan de Oñate, Pedro de Peralta and Diego de Vargas, reconqueror of the province after the Pueblo Revolt of 1680. In Arizona, there is a statue of Hugo O’Conor, the naturalized-Spanish Irishman who founded Tucson. In Presidio Plaza of that same city, there is a monument to soldados de cuera. In Utah, in the city of Spanish Fork, there is a sculpture of Fathers Domínguez and Escalante and of Joaquín the Indian, who accompanied them on their expedition. In California, there are many statues and monuments dedicated to Juan Rodríguez Cabrillo, Friar Junípero Serra, Gaspar de Portolá, Juan Bautista de Anza, Felipe de Neve, founder of Los Ángeles, and missionary and explorer Friar Francisco Garcés. In Kansas, Francisco Vázquez de Coronado is remembered, in Georgia, Hernando de Soto and in Alabama, Bernardo de Gálvez. This list is not exhaustive, but it is useful for showing that the Spanish presence is remembered in many parts of the United States
Monument to the Spanish Settlers. Cathedral Park. Santa Fe.
The states of California, Colorado, Florida, Montana, Nevada and New Mexico have names in Spanish. Texas and Yuta (turned into “Utah” by English speakers) are terms adapted and adopted by Hispanics. Territories such as Puerto Rico, the Virgin Islands or the Northern Mariana Islands keep their Spanish names

A great number of counties with names related to the Hispanic legacy can be found throughout the United States, especially in the south, from California to Florida. In the cases of California, Arizona and New Mexico, this applies to over 50% of counties. The same goes for municipalities, especially in the southwestern states, where Hispanic place names are frequent.

As for flags, those of the states of Alabama, Arizona, Montana, New Mexico, Florida and Arkansas include references to Spain. These also appear on the coats of arms and/or seals of the states of Alabama, Montana, Texas, and Puerto Rico, and on the flags, coats of arms and seals of cities such as Los Angeles, Santa Fe, Saint Louis, San Diego, Baton Rouge, Columbus, Riverside, Pensacola, Cupertino and St. Augustine.

Coats of arms of St. Augustine and of Puerto Rico.

Seals of the cities of Los Ángeles and Santa Fe, and seal of Texas.

Flags of Cupertino, Florida and Pensacola.

All of the above has attempted to show us that the United States and Spain have a shared history and that a significant share of the roots of the United States can be traced to a group of peoples who were subjects of the Hispanic Monarchy and that we know today as the Hispanic World or Hispanidad. The oldest history of North America is written in Spanish, the language of a diverse and mestizo community whose members share many cultural traits and who represent 20% of the population. There is much that unites us, but for it to be valued, first it has to be known.

Text extracted and adapted from The Hispanic Roots of the United States by courtesy of Héroes de Cavite Cultural Association.

Arte, toponimia y símbolos españoles en USA

English Version

Un cuarto de milenio antes de la Declaración de Independencia del 4 de Julio de 1776, los españoles ya estaban explorando e intentaban colonizar zonas de Norteamérica. Cuando el Myflower llegó a la costa este en 1620, hacía 55 años que se había fundado San Agustín y 10 Santa Fe. La mayor parte de las costas estaban cartografiadas y numerosas expediciones habían recorrido aquellas tierras, desde Florida al golfo de California, desde el Río Grande hasta Nebraska. Accidentes geográficos como el río Misisipi o el Gran Cañón del Colorado eran ahora conocidos por los europeos.

Ciudades, caminos, idioma, religión, legislación, agricultura, ganadería, la cultura hispana, todo formó parte de Estados Unidos antes de que existieran siquiera como concepto. Incluso su independencia tiene una deuda pendiente con España y con los hispanos, que tanto contribuyeron con su sangre, sus haciendas y sus esfuerzos al nacimiento de esa gran nación.

No puede por tanto sorprender que en los Estados Unidos se encuentren frecuentes influencias españolas en el arte, la toponimia y los símbolos.

En el Capitolio de Washington, las referencias a más de 300 años de presencia hispana son numerosas. En la Rotonda Central, auténtico corazón del edificio, hay ocho grandes pinturas históricas. Una de ellas está dedicado al descubrimiento del Misisipi por Hernando de Soto y otra a la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492. También en la Rotonda, pero más arriba, está el friso de la historia americana que recoge 19 grandes eventos. 4 de ellos se refieren a figuras españolas: vuelven a aparecer Cristóbal Colón y Hernando de Soto y ahora lo hacen Hernán Cortés y Francisco Pizarro.

El National Statuary Hall pretendía ser una sala en la que exponer las estatuas de los dos personajes más relevantes de la historia de cada estado de la Unión. Al haber ya 100 estatuas, han tenido que repartirse por diversos lugares del Capitolio. Dos tienen estrecha vinculación con España: la del franciscano fray Junípero Serra, en representación de California, y la del jesuita Eusebio Kino, en representación de Arizona.

En la Cámara de Representantes hay 23 retratos en mármol de otras tantas figuras destacadas por sus aportaciones al establecimiento de los principios que subyacen en la ley americana. Uno de estos retratos es del rey Alfonso X El Sabio. El motivo de incluirle es el legado jurídico que España dejó en muchos territorios del país. Durante su reinado se redactó el cuerpo de leyes conocidas como las Siete Partidas, que se aplicaron también en los territorios americanos, realizando las adaptaciones necesarias a lo largo del tiempo. Tras la independencia, las normas españolas no desaparecieron y se pueden encontrar numerosas sentencias citando las Siete Partidas en las Cortes Supremas de Luisiana, Texas, Arizona, Nuevo México y California.

Además de todo lo anterior, el Capitolio contiene otras pinturas que recuerdan la llegada de Cristóbal Colón, la ciudad de San Agustín, las misiones y la entrada en Monterey de la expedición de Gaspar de Portolá y fray Junípero Serra. Colón vuelve a aparecer en las Columbus Doors, puertas que recogen nueve escenas de su vida.
Retrato de Bernardo de Gálvez en el Capitolio de Washington.
El cuadro es una copia del original de Mariano Salvador Maella realizada por Carlos Monserrate.

Por último, están el retrato de Bernardo de Gálvez, que cuelga en una sala de honor de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, y una pintura del dominico fray Bartolomé de las Casas con el título “Bartolomé de las Casas, el apóstol de los nativos”.

Los escritos de fray Bartolomé de las Casas no fueron rigurosos, exagerando hechos con finalidad de conmover, lo que dio lugar a una Leyenda Negra difundida durante siglos por motivaciones exclusivamente políticas. Se creó y extendió así un prejuicio contra la presencia española en América, arraigado historiográficamente, que pervive en nuestros días e ignora toda la legislación española y la Controversia de Valladolid.

Los esfuerzos de divulgación de la contribución de España a la revolución americana han logrado que Bernardo de Gálvez haya sido declarado Ciudadano Honorario de los Estados Unidos. Una estatua ecuestre suya está en el Bernardo de Gálvez Memorial Park, cerca de la Casa Blanca.

Otra pintura destacada está en el Capitolio, pero en el Capitolio del estado de Utah. En una pechina hay un mural dedicado a la expedición de los padres Domínguez y Escalante, los primeros europeos que llegaron al lago Utah y supieron de la existencia del Gran Lago Salado. En el Capitolio del estado de Colorado, una vidriera recuerda al cartógrafo Bernardo de Miera y a otros participantes en la citada expedición, que también están representados.
Pinturas de la rotonda del Capitolio de estado de Utah en Salt Lake City.
En la parte inferior derecha se puede ver a los padres Escalante y Domínguez.
Foto de Dick Ebert
Por muchos lugares de los Estados Unidos se encuentran placas que recuerdan hechos y personajes de la historia hispano-norteamericana. Es el caso de la victoria de Juan Bautista de Anza contra el comanche Cuerno Verde en Colorado en 1779, la Jornada del Muerto en el Camino Real de Tierra Adentro, los Adaes, Gálvez, Villasur, el Real Presidio de Santa Cruz de Terrenate, el de Tucson, o los viajes del franciscano fray Francisco Garcés.

Placas en recuerdo de la victoria de Juan Bautista de Anza sobre el jefe comanche Cuerno Verde en Colorado y del Camino Real de los Tejas.

También existen numerosas estatuas. En Pensilvania hay una de Diego de Gardoqui y en Florida se pueden encontrar de Ponce de León, Pedro Menéndez de Avilés, Tristán de Luna, Hernando de Soto y Bernardo de Gálvez. En Texas las hay de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Juan de Oñate, José de Escandón, que introdujo las explotaciones ganaderas en ese estado, el misionero franciscano fray Antonio Margil de Jesús y un monumento a los pioneros españoles. En Nuevo México las tenemos de Juan de Oñate, Pedro de Peralta y Diego de Vargas, reconquistador de la provincia tras la gran revuelta de 1680. En Arizona está Hugo O’Conor, irlandés naturalizado español que fundó Tucson. En la Presidio Plaza de esta ciudad hay un monumento al soldado de cuera. En Utah, en la ciudad de Spanish Fork, se encuentra una escultura de los padres Domínguez y Escalante y el indio Joaquín, que los acompañó en su expedición. En California abundan las estatuas y monumentos dedicados a Juan Rodríguez Cabrillo, fray Junípero Serra, Gaspar de Portolá, Juan Bautista de Anza, Felipe de Neve, fundador de Los Ángeles, y al misionero y explorador fray Francisco Garcés. En Kansas se recuerda a Francisco Vázquez de Coronado, en Georgia a Hernando de Soto y en Alabama a Bernardo de Gálvez. Esta lista no es exhaustiva, pero sirve para ver que la presencia española se recuerda en muchas partes de los Estados Unidos.
Monumento a los colonos españoles. Parque de la Catedral. Santa Fe.
Los estados de California, Colorado, Florida, Montana, Nevada y Nuevo México tienen nombres españoles. Texas y Yuta (transformado por los angloparlantes a Utah) son términos adaptados y adoptados por los hispanos. Territorios como Puerto Rico, las Islas Vírgenes o las Islas Marianas del Norte mantienen sus nombres españoles.

A lo largo y ancho de los Estados Unidos, sobre todo al sur, desde California hasta Florida, los condados con un nombre relacionado con la herencia hispana son muy numerosos. En el caso de California, Arizona y Nuevo México superan el 50%. Otro tanto ocurre con los municipios, en especial en los estados del suroeste, donde son frecuentes los topónimos hispanos.

En cuanto a las banderas, las de los estados de Alabama, Arizona, Montana, Nuevo México, Florida y Arkansas incluyen referencias a España. Estas aparecen también en los escudos y/o sellos de los estados de Alabama, Montana, Texas, Puerto Rico, y en las banderas, escudos y sellos de ciudades como Los Ángeles, Santa Fe, San Luis, San Diego, Baton Rouge, Columbus, Riverside, Pensacola, Cupertino y San Agustín.

Escudos de San Agustín y Puerto Rico.

Sellos de la ciudades de Los Ángeles y Santa Fe y sello estatal de Texas.

Banderas de Cupertino, Florida y Pensacola.

Todo lo anterior nos ayuda a entender que Estados Unidos y España tienen una historia compartida y que buena parte de las raíces norteamericanas están en un conjunto de pueblos que formaron parte de la Monarquía Hispánica y que hoy conocemos como Hispanidad. La historia más antigua de Norteamérica está escrita en español, la lengua de una comunidad diversa y mestiza cuyos miembros comparten muchos rasgos culturales y que representan el 20% de la población. Es mucho lo que nos une, pero para valorarlo antes hay que conocerlo.

Texto extraído y adaptado de Las raíces hispanas de los Estados Unidos por cortesía de la Asociación Cultural Héroes de Cavite.